La palabra ´´ultrella´´ (también escrita como ´´ultreia´´ y ´´ultreya´´) que se sigue oyendo hoy día en el Camino de Santiago viene del latín. Realmente está formada por dos palabras latines, ultra (´´más´´) y eia (´´allá´´). Es algo que dicen los peregrinos durante el viaje (igual que el saludo, ´´¡Buen camino!´´) que añade un poco más de emoción, pues lleva una connotación de ánimo hacia los otros que van caminando.
Se dice que antiguamente, los peregrinos se saludaban con una expresión un poquito más larga: ´´Ultreia, suseia, Santiago´´, la cual significa, ´´¡Ánimo!, que más allá, más arriba, está Santiago.´´
Incluso se ha dicho que ´´Ultrella´´ (´´Vamos más allá´´) servía como un saludo de ánimo al que el otro peregrino siempre tenía que responder, ´´Et suseia´´ (´´Y vamos más arriba´´).
Algunos recursos han sugerido que durante la Edad Media, la palabra ´´ultrella´´ significaba ´´aleluya´´ (o sea, que se empleaba así con un valor parecido) y que los peregrinos solamente la decían cuando llegaban, por fin, a Santiago de Compostela para ver las reliquias del santo.
Me parece impresionante que una expresión tan antigua haya sobrevivido tantos siglos y que todavía esté tan viva y utilizada entre los peregrinos del Camino de Santiago. No obstante, no me sorprende; pues la tradición de la peregrinación en sí actualmente sigue viva, y el latín ha permanecido como lengua oficial del mundo católico.

La frase entera que aparece en el Codex Calixtinus es: "ultreia, e suseia, deus adjuvanos". Y sí, es bonito que aunque el latín ya no se usa mucho pero esta frase todavía se oye en el Camino de Santiago, es el dar ánimo para la meta común que tienen los peregrinos.
Efectivamente, lo fascinante es que el saludo se haya conservado con continuidad, que haya seguido siempre vivo de modo ininterrumpido. Resulta sobrecogedor que esos caminos siempre hayan sido pisados por peregrinos, en todas las épocas, aun en tiempos de guerra y de nevadas, y que todos ellos, desde el siglo X al XXI hayan dicho alguna vez ¡Ultrella!
Esto me parece imprescionante también. Lo que más me fascina es que aún hoy en día, con todas nuestras distracciones y responsabilidades y la rápidez de la vida, hay esta tradicción que ha sobrevivido a lo largo de los siglos que todavía se usa los peregrinos. Es testimonio al hecho de que la experiencia de la peregrinación en el Camino de Santiago ofrece a nosotros los seres humanos algo muy profundo y necesario para nuestros almas. Como ha dicho Inés, es una experiencia completamente sincronizado con la naturaleza de la vida y las cosas más reales de nuestro mundo. Quizás hoy en día tiene aún más valor, porque ofrece la oportunidad de regresar, si sólo es por un par de días, a una vida más simple y común, algo que es bastante difícil encontrar en nuestro mundo tan desarrollado.